
Hacía días que él se había ido. ¿Cuántos? Tres, cinco, diez... No importaba, a ella le parecía que había pasado una eternidad. Se removió en la cama, incómoda. Aquella cama que le parecía una prisión cuando él no estaba en ella. Aquella noche, tumbada cómodamente, se sentía mucho menos libre que aquellas que había pasado atada junto a él.
El móvil, junto a ella, no sonaba. Tampoco había noticias en su correo electrónico, que comprobaba obsesivamente cada tres minutos. Retomó la lectura. Sin darse cuenta leyó tres veces la misma línea. Suspiró, aburrida. Volvió la vista al móvil y comprobó de nuevo el correo electrónico. Nada. Decidió escribirle, hoy debía haberlo hecho ya unas diez veces. Aún no había empezado a escribir cuando una sonrisa iluminó su cara. Ahí estaba... le había llegado algo.
Abrió el correo, anhelante. La orden era concisa: "Al suelo, de rodillas. Ten el móvil cerca, te avisaré cuando puedas levantarte." Una oleada de alivio recorrió su cuerpo. Él seguía ahí... Se apresuró a colocarse. Puso un cojín en sus rodillas, como él le había enseñado. Apoyó su culo sobre las piernas, ligeramente separadas. Las manos, sobre sus muslos. Le costaba mucho mantener aquella postura, él lo sabía. Pero aún así se sentía tan feliz, que ni siquiera sintió el dolor que se instaló en sus tobillos, bajo el peso de su cuerpo.
Pensó en su Amo. Últimamente le sentía tan distante, tan lejano... Tal vez por eso aquella orden inesperada había revuelto sus entrañas. Recordó la noche anterior, cuando las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Ya no se sentía suya y esa certeza la destrozaba. Anhelaba tanto sentirse su esclava, complacerle... Y sin embargo parecía que él nada necesitaba de ella.
La incómoda postura la devolvió al presente. Se revolvió un poco. Él sabía que nunca le había desobedecido, pero aquella postura le resultaba insoportable. Siguió aguantando, ajustando un poco el peso que su cuerpo ejercía sobre sus piernas. Miró el móvil, sólo habían transcurrido doce minutos. No sabía cuánto más podría aguantar.
Su mente volvió a volar. Recordó la última vez que lo vió. Aquella noche durmió con las esposas puestas y, unida a éstas, una cadena que también le aprisionaba los tobillos. Se había sentido desamparada, él iba a estar lejos muchos días... habría deseado poder dormir en sus brazos. Por la mañana, él le había desatado cuidadosamente las ataduras. Frotó suavemente sus muñecas, sus tobillos. Mientras lo hacía besaba con dulzura su piel, levemente lastimada. Se estremeció de placer al recordarlo... Luego él se había ido sin decir nada.
Diecinueve minutos... Las piernas se le habían dormido. Se incorporó levemente sobre sus rodillas, dejando circular la sangre y volviéndose a sentar nuevamente, recolocando la postura. Susurró en sus pensamientos: "Señor... cuánto le echo de menos..."
Oyó un ruido. Los vecinos, aunque era ya un poco tarde. Se concentró en mantener la vista fija en el suelo. A veces, sin darse cuenta la levantaba, pero inmediatamente volvía a bajarla. Sabía que así era como él lo quería.
Tan concentrada estaba que no se percató de su presencia hasta que sus zapatos aparecieron en su campo visual. Su corazón se aceleró... no era posible, aún faltaban varios días para su vuelta. Levantó la vista, temerosa de que su nostalgia le hubiera jugado una mala pasada.
Cuando sus ojos se encontraron con los suyos, brillantes, supo que nunca había dejado de ser suya.
UN CAPRICHO MOMENTÁNEO
-
─Vendré en un momento.
Y, sin más, se fue.
Lore le vio doblar la esquina que delimitaba su dormitorio hasta que su
figura no fue sino un vago recuerdo. No...
Hace 11 años

Hola Addhara,
ResponderEliminarme encanta leer tus post, me parece que tienes una manera increible de contar tus sensaciones y plasmar tus sentimientos con palabras.
Leo tu blog cuando publicas algo y ahora directamene me he suscrito a él.
Me encantaria invitarte a que leas el que llevo con algúnos amig@s e incluso me encantaria que participases en él.
http://misexoet.blogspot.com