El camarero se le acercó, con una sonrisa seductora. Hizo algún comentario sobre aquella belleza, sentada sola, pero ella no le hizo caso. Ordenó su bebida, sin más, y observó a la gente que pasaba. Sintió como la brisa corría entre sus piernas, desnudas, refrescando su deseo... de... ¿de qué?
Se quedó absorta. No sabía lo que deseaba, no sabía lo que buscaba. No sabía quién era. Pero sabía que estaba ahí. Y que algún día la poseería. Un susurro en su oído la despertó de sus pensamientos: "¿Qué hace una puta como tú, aquí tan sola?"
Se volvió, furiosa, dispuesta a abofetearle por semejante atrevimiento. ¿Qué se había creído? Él le sujetó la mano, sonriendo. Confiado. Titubeó: "¿Pero qué...?"
Él la soltó y se sentó a su lado, mirándola fijamente a los ojos. Y sin dejar de sonreir.
* * *
La siguió con la mirada, hasta aquella mesa en la terraza donde la vio sentarse. Sabía que ella ni le había mirado, pero le había sentido... Lo sabía.
Cuando le susurró al oído, pudo sentir su aroma. Fresco y cálido a la vez. Vió la furia en sus ojos -¡qué bella estaba cuando se enfadaba!-, pero también vio su desesperación, su anhelo, su deseo.
Se sentó junto a ella. Sintió como se desarmaba. Sonrió. Pidió una cerveza, sin dejar de mirarla a esos ojos azules tan transparentes, que se lo decían todo. La vió titubear... no sabía qué hacer. Su sonrisa se hizo más amplia. "¿Qué te pasa preciosa? ¿Se te ha comido la lengua el gato?" Le divirtió su enfado, ver como dudaba, y cuando se levantó para marcharse, orgullosa, la agarró del brazo: "Siéntate".
Y ella se sentó.
* * *
¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué se había sentado? Dios... no podía pensar. Se sentía descubierta, expuesta, humillada. Instintivamente, cruzó las piernas. ¿Habría notado que no llevaba nada debajo?
Le miró de reojo, ni siquiera se atrevía a mirarle directamente. Vio la sonrisa borrarse de su cara. "No vuelvas a cruzar las piernas en mi presencia". Abrió, la boca, pero no salió ningún sonido. Temblorosa, separó las piernas. Y le víó sonreir otra vez...
Y, sin darse cuenta, ella también sonrió.
* * *
UN CAPRICHO MOMENTÁNEO
-
─Vendré en un momento.
Y, sin más, se fue.
Lore le vio doblar la esquina que delimitaba su dormitorio hasta que su
figura no fue sino un vago recuerdo. No...
Hace 11 años

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