
Sentía el sabor del veneno deslizándose por su garganta. Amargo. Dañino. Sabía que la estaba matando poco a poco.
De sus letras ya no salían textos atrevidos, ni divertidos, ni provocadores. Ni palabras amables. Sólo ira. O tal vez tristeza. O tal vez, nada.
Las paredes la comprimían. No sólo ellas, su propio cuerpo. Su propio cuerpo la aprisionaba.
Se echó unas gotas más de veneno. Y siguió muriendo.
UN CAPRICHO MOMENTÁNEO
-
─Vendré en un momento.
Y, sin más, se fue.
Lore le vio doblar la esquina que delimitaba su dormitorio hasta que su
figura no fue sino un vago recuerdo. No...
Hace 11 años

A veces hay que "morir" un poco, para empezar otra vez, con ansias y ganas renovadas.
ResponderEliminarEs una lastima leerte solo en momentos tristes, con textos melancolicos, por que siempre es un placer hacerlo.
Un abrazo.