
Sus pies ya no la sostenían. Las largas semanas de viaje parecían llegar a su fin. Tras largos días de campos vacíos, las villas empezaban a sucederse. La comitiva avanzaba despacio, precedida y escoltada por las milicias romanas. Los primeros días de viaje había llorado largas horas mientras caminaba. Pensaba en su aldea, en Hispania, como ellos la llamaban. En su familia, a la que sabía que nunca volvería a ver. El ejército romano había arrasado su aldea en apenas unas horas. En medio de la confusión, había perdido todo contacto con nadie a quien conociera.
Pensó en su vida anterior, y en como sería a partir de ahora. A sus 17 años hacía muchos que debería haberse casado. Recordaba cuantas veces se lo había dicho su madre. Lloró al recordarla. Su rebeldía, sin embargo, la había impedido entregarse a cualquiera de tantos hombres que la habían pretendido. Su pasión, sus ganas de conocer mundo... Pensó, amargamente, que ahora estaba conociendo otro mundo, aunque este era mucho más cruel que el que había descubierto en sus fantasías.
Recordó la primera noche tras la batalla, si es que merecía ese nombre. Los prisioneros habían sido recluidos en algunos de los edificios de la aldea. Les habían dicho que serían esclavos, serían llevados a Roma para venderlos. Los soldados estaban cansados, pero eufóricos tras la victoria. Su recompensa había sido una gran noche festiva en la que el vino corrió de mano en mano. Igual que las prisioneras. Apretó los dientes... Las semanas transcurridas no habían borrado aquellos recuerdos de su memoria. La humillación sufrida. La violación y tortura de su cuerpo...
Las mujeres más jóvenes habían sido recluidas en el mismo lugar. Los llantos no lograban apagar el fragor de la fiesta, que crecía copa a copa, trago a trago. De repente, las puertas se abrieron y los soldados se precipitaron al interior. Tambaleándose, borrachos, riendo a carcajadas. Uno de ellos la agarró por los pies y tiró de ella: "¡Eehh! ¡Esta es buena!" Intentó aferrarse a algo pero sintió como la arrastraban al exterior, sin remedio. Se retorció, dio patadas, gritó... Pero antes de darse cuenta estaba tumbada boca abajo sobre la hierba mojada.
Le dolía todo el cuerpo, la habían arrastrado largos metros. Sentía el escozor de las quemaduras en sus muslos, desnudos, pues al arrastrarla el vestido se había subido y desgarrado. Oía los gritos a su alrededor, risas, llantos, gemidos... La luz de las hogueras iluminaba ténuemente el terreno. Intentó levantarse pero no pudo, cayó de bruces contra el suelo. Oyó risotadas a su alrededor: "¡Miradla, quiere escaparse!" "Si ni siquiera puede levantarse, ¡jaja!" "Pues menos va a poder cuando acabemos con ella..." Y las carcajadas aumentaban. Y luego otra voz... "¡Quietos! Yo voy primero, babosos."
Ella rompió a llorar, su cara contra la hierba. Ni siquiera intentó cubrir sus muslos desnudos, solo cubrió su cara, para no darles el placer de verla llorar. El último en hablar la cogió de la cintura, y tiró de ella. Ni siquiera se molestó en quitarle el vestido. Subió la poca tela que aun la cubría, dejando al descubierto su culo. Le oyó reir... "¡Me habéis traído a una buena puta!" Sintió sus manos sucias sobre sus nalgas, separándolas con brusquedad. La embestida fue tan terrible que se sintió desfallecer de dolor. Gritó, aulló, lloró y hasta suplicó. No quería hacerlo, pero lo hizo. El soldado seguía riendo... "¡Mira como suplica la puta, con lo orgullosa que parecía!"
Siguió follándole el culo, una y otra vez, golpe a golpe. El dolor no cesaba, pero sus llantos pararon. Sintió sus manos sobre su espalda y sobre su cabeza, presionándola contra el suelo mientras seguía follándola, violándola. Apenas podía respirar. Dios mío, ¿es que aquello no acabaría nunca? ¡Iba a estallar de dolor! Los jadeos empezaron a intensificarse, sintió su aliento cerca, sus babas ensuciándola. "¡Perra, me voy a correr en tu culo! ¿Ya no lloras, puta? Llora para mí..." De repente, lo sintió. Su culo rebosaba el semen de aquel cerdo que acababa de violarla. Se sintió asqueada y tuvo náuseas. Él seguía dentro de ella y ella empezó a retorcerse. Necesitaba liberarse...
Él se apartó, riendo. "¡Levántate, esclava!" Ella no se movió. "¡Levántate!" Y sintió una patada en el costado que la hizo retorcese de dolor. Se levantó, como pudo. Estaba mareada, se tambaleaba. Oía las risas a su alrededor. Alguien alargó la mano y le desgarró el vestido por delante. Sus pechos quedaron al descubierto. Más risas... Tiraron de ella, la tocaron, le pellizcaron los pezones, "Me toca", "¡No, me toca a mí!". La empujaban de un lado a otro. Cayó al suelo, de rodillas. Buscó el suelo, con sus manos, algún apoyo... "¡Mírala, si ella sola se pone a cuatro patas!" Sintió como la tiraban del pelo, desde atrás, obligándola a levantar la cabeza. Otra vez... sintió una polla forzándola, esta vez en su coño. Empujaba, intentaba forzarla, pero no podía. Un brutal golpe descargó sobre su muslo, "¡Abre las piernas, perra!" Y finalmente la penetró, con fuerza, con rabia. El dolor fue brutal. Sintió como sangraba. Las embestidas se hicieron más fuertes, "Resulta que era virgen, ¡qué suerte la mía!" A ella ya ni siquiera le dolía el cuerpo. Le dolía la postura, le dolía el alma, porque al seguir tirando de su pelo veía a los demás como la miraban, como se reían...
Cerró los ojos. Sintió las embestidas, una detrás de otra, y de repente, notó algo duro en su cara. Abrió los ojos, desconcertada. Vió la polla ante su cara, empujando contra su boca. "Yo voy a estrenar el tercer agujero, esclava. ¡Abre la boca!" Ella negó con la mirada, desafiante. No vió venir el tortazo, sintió que su mejilla se desgarraba. Abrió la boca. Se la metió tan adentro que creyó que se ahogaría. Le pareció que el otro soldado se corría en su coño, pero inmediatamente volvieron las embestidas. ¿Sería otro?
Intentó concentrarse en respirar. A cada embestida sentía arcadas y creía que se ahogaba. "¿No sabes usar la lengua, inútil?" Aún sentía el semen chorreando en su coño, no sabía si se habían corrido otra vez, cuando se produjo una nueva explosión en su boca. Quiso vomitar e intentó no ahogarse, quería escupirlo, pero el soldado mantuvo su polla en su boca, obligándola a tragar...
Las lágrimas volvían a correr por sus mejillas, al recordarlo. Aquella noche y todas las que le habían seguido desde entonces. Había sido usada y humillada, despedazada y torturada. Las últimas noches no habían venido, tal vez para dejar que su cuerpo maltratado se recuperara... ¿Para qué?
Divisó a lo lejos las murallas de Roma y, extrañamente, sintió una punzada de esperanza. Al fin y al cabo, lo que la esperaba no podía ser peor de lo que ya había sufrido.
UN CAPRICHO MOMENTÁNEO
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─Vendré en un momento.
Y, sin más, se fue.
Lore le vio doblar la esquina que delimitaba su dormitorio hasta que su
figura no fue sino un vago recuerdo. No...
Hace 11 años

Que distinto este texto a los anteriores.
ResponderEliminarHola Addhara, que lindo blog tienes aqui!. LEi algunos de tus artículos y me encanta lo que cuentas. Te invitamos a participar de una comunidad sobre el BDSM que estamos formando. Si lo deseas, puedes registrarte y ver de que se trata.
ResponderEliminarSaludos
Dunkless
El sitio es: Social BDSM
Gracias Angeles, me alegro de que te haya gustado el blog. Visitaré tu página.
ResponderEliminarCaminamte, espero que te haya gustado, a pesar de ser distinto :)
Besos,
addhara
Aunque como te comente el cambio fue muy brusco de un relato al otro sigo pensando que tu manera de escribir es estupenda! Podrias ganarte la vida perfectamente escribiendo. Voy a por la segunda parte :)
ResponderEliminarme EN-CAN-TA y recalienta tu publicación, gracias!, sigue así por favor!!!
ResponderEliminarGracias Naranjox por tus palabras. De hecho, escribo mucho en mi trabajo, aunque cosas mucho menos entretenidas ;)
ResponderEliminarcefequis, gracias por tu entusiasmo. Es realmente alentador.
Comentarios como los vuestros me animan a seguir escribindo.
Besos,
a.
Vuelve ya
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